TANGO QE NO
Tango q no me gustas
y sin embargo te qiero.
Sos mi recuerdo d infancia,
sos memoria d mis abuelas;
Lita y Rosa, la amorosa y la severa.
Ésta q me hacía helados d vascolet
en las viejas cubeteras d lata;
la primera, tazones d mate cocido
y lanchas d pan francés
con socotrocos d manteca
y cucharones d dulce d leche.
Rosa, q me hacía sanguchotes d felipe
con zuchinis o berenjenas en rodajas
a la vinagreta y escabechadas;
Lita con sus míticas pizzas
largas y gordas como acolchados d cama.
la severa, con sus minestrones d verduras
y legumbres, d las q existen y las q no también,
q ayudaba a picar junto a la radio valvular
con la divertida cuchilla medialuna;
la amorosa con la mesa repleta d ñoqis
q rayabamos con los dientes del tenedor,
o los inmensos manteles para fideos
q amasaba a mano con qince huevos,
y enrollabamos como colosales piononos
para q la mano-guillotina d mi abuela
los cortara en cintas como serpentinas
y colgarlos a secar en cuerdas como cortinas.
Rosa, en Avenida del Trabajo
cruzando empedrados con Miralla,
frente al viejo hangar del 141;
la q después d la obligada siesta
en el clásico catre plegable
bajo el tictac del reloj a péndulo
me enseñaba cantando a coro
el cancionero d 'solo tango':
El día q me qieras, Cuartito azul,
Barrio d tango, El pañuelito blanco,
Mi buenos aires qerido, Uno, Sur,
Nada, Grisel, Adiós pampa mía...
y el silencio d la casa chorizo
d aqel viejo y avejentado Mataderos
se rompía x qince días
entre la huerta y la parra,
el lavadero y el galponcito licorero.
Lita, en San Justo, Barrio Marina,
a media cuadra d mi escuela qerida,
la 140, Almirante Brown;
la reunía a los chicos del barrio
y los compañeritos del grado,
los míos y d mis tres primos;
la q a la hora del almuerzo,
sin mezqindad, todos eran invitados,
xq en ése chalet sin rejas ni portones
"Si come uno comen todos,
si no hay para todos,
entonces no hay para ninguno",
x éso siempre había kilos d pan,
d papas fritas o tortafritas;
y cada miércoles a la noche
asistíamos a la misa del 9:
Grandes valores del tango,
Guillermito Fernández, Hugo Marcel,
Beba Bidart y Rosana Falasca,
Néstor Rolan y Chiqi Pereira,
Virginia Luqe y Elena Lucena...
y tantos mas q ya ni recuerdo.
Escuchando y mirando aprendía
Caserón de tejas, Azúcar pimienta y sal,
El último organito, Palomita blanca,
Así bailaban mis abuelos, Pasional...
y también te tengo abrochado
con una grampa dinamit-65
a mis añoranzas d Mar del Plata,
aqella q era nuestra d marzo a noviembre,
a la d Fortín 1, en Falucho y España;
mamá en el guardarropas,
papá en el escenario.
Y todas las tardes llenas d ensayos
con Luciana y El último café;
y los amaneceres d sábados y domingos
cuando el Fortín qedaba limpio y ordenado,
el viaje apacible x avenida Luro
rumbo al OK-3, para cenayunar, ellos;
a mí Moisés me regalaba siempre
un flan con dulce o duraznos con crema;
en el taxi d Roberto, amigo d papá,
con la radio susurrando tempraneros tangos
siempre instrumentales, y con flauta...
¿qiénes serían, Berligieri,
Piazzola, Cobián, el Sexteto Mayor?...
Después los ochentas me alejaron d vos
con el rock nacional, la música disco y pop.
Hasta q hace diez años te reencontré
con Eladia Blásqez y Chico Novarro.
(14/6/24 - 20:10)
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